Categoría: Historia

Fuente: Nuestra Propuesta  (23-07-09)

{mosimage}Juana Azurduy nació el 12 de julio de 1780 en Chuquisaca, donde las ideas de igualdad, fraternidad y libertad comenzaron a cuestionar la dominación colonial en el sur de América.
Se forjó en un espíritu libre, en contacto con los indígenas, cabalgando bravamente, hablando las lenguas aymara y quechua. Fue enviada a la ciudad para aprender las letras, lo que contribuyó a desplegar su clara inteligencia. Pero quedó huérfana  y fue enviada al convento para ser monja. Su carácter indómito no le permitió seguir esa vocación, regresó a su casa y se reencontró con Manuel Padilla, amigo de la infancia, con quien se unió.
En 1806 nace su primer hijo, Manuel, y luego Mariano, Juliana y Mercedes.

Manuel había conocido a Moreno, Monteagudo y Castelli en Chuquisaca, simpatizando con ellos y comprendiendo que era necesario combatir para derrotar y expulsar a los godos. Juana Azurduy y Manuel Padilla comparten un gran amor y el rechazo a la arbitrariedad e injusticia del régimen colonial para con los indios y los cholos.  Deciden luchar juntos contra el opresor y cuando cae el gobierno virreinal de Chuquisaca, se suman a la revuelta. Ésta fracasa, deben huir y ocultarse,  iniciando así muchos años de lucha heroica. Juana se entrena con la lanza, el sable y las boleadoras. Los Padilla Azurduy se presentan ante el general Belgrano, que entendió que eran dos valiosos colaboradores y los integra a sus fuerzas. Lo que hasta entonces había sido ímpetu e impaciencia adquiere un carácter organizado, una estrategia bélica, la guerrilla o guerra de partidarios. Belgrano les había encargado reclutar voluntarios, alistarlos y unirse a las tropas que chocarían contra las fuerzas realistas.
La esencia de Juana se evidencia cuando recorre los ayllus convocando voluntarios para unirse a la lucha por la independencia y por la libertad. A caballo, con su imponente y bella presencia, convencía a los hombres y a muchas mujeres, que luego constituyeron el cuerpo de amazonas. Junto a Manuel llegaron a reunir diez mil soldados. Belgrano en reconocimiento por tan gigantesca labor le entrega a Juana su sable. Cuando Juana se lanzó al combate, lo hizo llevando a sus hijos con ella. Manuel, Mariano, Juliana y Mercedes sufrieron estoicamente la vida de guerrilleros, huyendo, tratando de encontrar cobijo, sufriendo  frío y  hambre, con enfermedades propias de los territorios por los que pasaban. Los niños fueron el más terrible legado que una madre puede hacer a la patria. Juana debió enterrar a sus cuatro pequeños.
Las duras condiciones de la lucha guerrillera descargan sobre ella golpes demoledores, el joven Hualparrimachi, un cholo poeta y combatiente, lúcido y leal junto a Manuel y Juana, cae por una descarga que le estaba dirigida a ella.
Al nacer su hija Luisa, los Padilla resolvieron que la pequeña no podía ser parte de una vida que ya se había cobrado a sus cuatro hijos, y la dejaron con la india Anastasia Mamani, que la cuidó para sus padres con dedicación y lealtad.
Los guerrilleros logran tomar Chuquisaca, la ciudad natal de Azurduy y Padilla, a la que ingresan montando sus cabalgaduras y seguidos de  los "leales" y los "húsares", además de los honderos entrenados por Hualparrimachi y las impresionantes amazona, como testimonio de la labor militar por ellos desarrollada.
Manuel Ascencio Padilla murió heroicamente en un combate feroz. Otra vez Juana sufre un golpe desmesurado y sin sobreponerse, se aboca al reclutamiento de indios y criollos para cumplir su misión de jefa de las fuerzas de guerrilla, siendo ya teniente coronela designada por Belgrano. Con los flecheros indios, algunas amazonas y unos pocos fusileros de Padilla se dirigen al lugar donde cayó Manuel para vengarlo y recuperar su cabeza puesta en una pica por los realistas. Fue una batalla sangrienta, Juana recuperó la cabeza, la llevó a la iglesia para un responso con los honores de jefe de la guerra de recursos del Alto Perú y de coronel del ejército argentino.
Las guerrillas fueron aniquiladas y Juana se dirigió al sur, a encontrarse con Güemes que la recibió con gran admiración y le asignó funciones de mando como teniente coronela, con uso del uniforme, como jefa de la rebelión contra los españoles y en mérito a su labor por la independencia. A la muerte de su protector, Juana debe pedir ayuda para regresar a Chuquisaca. Encontró sus propiedades confiscadas y debió arrastrar una existencia, proscripta y olvidada, junto a su hija Luisa.
Simón Bolívar y Sucre la visitan, la colman de elogios, le expresan su reconocimiento y homenaje y le conceden una  modesta pensión, concientes de que marchando por el camino del Alto Perú se podía extender la insurrección por todo el continente sudamericano y que hombres y mujeres fueron a las armas, pelearon y supieron morir por esa causa.
Sin parientes ni amigos, a los 82 años, en medio de la más absoluta pobreza y soledad, muere Juana Azurduy. "Se sepultó en el panteón general de esta ciudad en fábrica de un peso”, dice la partida de defunción. Recientemente se firmó el decreto presidencial de ascenso de grado post-mortem de Juana Arzuduy, guerrillera derrotada de una causa invencible, la de la liberación de Nuestra América.  Generala, no hay más valiente que tú.