Cultura

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"Si quieres verlo míralo directamente, porque cuando empieces a pensar, ya lo has perdido." Enseñanza Zen

 Teniendo al sujeto como protagonista de la historia, Beatriz Levacov puebla sus pinturas y esculturas de personajes entrelazados que unidos por  una combinación de movimientos  dispares, parecen    encaminase  juntos hacia un destino común. Las formas mantienen en todo momento  su condición humana pero no dudan en romper, de manera manifiesta, sus  leyes de ingravidez.  

Beatriz Levacov es psicoanalista, poeta y escritora, con  tres  libros publicados  sobre  la Shoa, una temática de sufrimiento donde se entrelazan muchos aspectos de  la vida humana;   participa también en la Comisión Directiva de Espacio Convergencia,   una asociación civil que impulsa un pensamiento judaico humanista y pluralista.

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Fuente: Revista CONVERGENCIA N° 41     (15-04-11)

Memoria, pluralismo y globalización

 “Algunos dicen que piensan cuando lo que hacen es reordenar sus prejuicios”, escribió William James.

Vivimos tiempos extraños (quizá todos lo fueron). La velocidad de los hechos y la reiteración de situaciones históricas en apariencia -y sólo en apariencia- similares, provoca errores de apreciación y reitera aquello de que la historia se repite primero como tragedia y luego como comedia. El conocimiento de un pasado que sigue actuando sobre el presente, el pluralismo de ideas para evitar el ombliguismo y la vorágine de la globalización planetaria -sobre todo, en el campo de las comunicaciones- constituyen las tres patas de una mesa sobre la que resulta difícil apoyarse.

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Fuente: Clarín    (12-11-10)

 Las imágenes de la infamia caen como fotografías en un expediente judicial. En blanco y negro. Los prisioneros de los campos de exterminio, los prisioneros de guerra, los bombardeos, la destrucción de la vieja Europa. Caen las imágenes y se pegan con los alegatos de los criminales de guerra, la interpelación de los fiscales de las cuatro potencias vencedoras en 1945 y la sentencia final de los jueces: “Muerte en la horca” . De hecho, aquellas imágenes tuvieron valor probatorio y derivaron en condenas.

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Fuente: Página 12    (6-04-11)

 La imaginación de la clase política argentina, bueno sería reconocerlo, está un tanto limitada. Usinas y laboratorios de algunos sectores partidarios, de algunos medios, de muchos intereses, a falta de un adecuado representante para la ocasión electoral (y también debido al hecho irreversible de que se les van cayendo una a una las probetas), se han dado a la vana tarea de proyectar el hombre ideal. Cosa que ya vienen haciendo diversas y desoladas cosmogonías, heréticas o agnósticas, desde que el mundo es.

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Fuente: Página 12   (12-03-11)

 Respeto, eso imponía Viñas. El respeto hacia una especie extinguida, cruza de guapo (porque las ideas a veces hay que defenderlas no sólo con palabras) con intelectual (porque no basta con poner el cuerpo). Coraje intelectual, digo. Tenía calle, mucha, y sofisticación literaria para leer la realidad. Supo imprimirle ese respeto a sus seguidores y aun más a sus adversarios, aunque, nadie se le animaba. No es que le tuvieran miedo por su presencia física: le tenían miedo en el debate. 

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Fuente: revisa CONVERGENCIA N° 40   (3-12-10)

Balada del terror”, novela de Yael Medini

 El alud de noticias periodísticas sobre muertes, enfrentamientos e iniciativas sobre el Medio Oriente invaden habitualmente a un lector abrumado por ese cuadro comunicacional, pero dejan de lado otro aspecto- otra mirada- sobre el Estado de Israel real. Cuestiones pequeñas pero trascendentes que hacen a la vida cotidiana de varios millones de seres humanos y que no merecen siquiera una línea en el fárrago informativo, por encontrarse en la periferia de la noticia efectista.

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Fuente: Revista CONVERGENCIA N° 40   (3-12-10)

 La Argentina lee desmesuradamente, inmensamente, ansiosamente, con la ansiedad  con que se lee  no bien se ha aprendido a leer[1] dice Alberto Gerchunoff, autor anacrónico, en los alrededores del Primer Centenario. Habla de un lector incipiente, atolondrado, voraz. Hoy, en tiempos de  Bicentenario, Ricardo Piglia[2], autor actual, habla del último, tan raro como notable.

Nada reúne a estos nombres, salvo la lectura misma. Pero esta mínima –rotunda– salvedad revierte la inquietante actualidad de uno sobre el supuesto anacronismo del otro para dar paso a un lector menos feliz, apenas afirmado entre la ansiedad y la rareza: ¿por qué leer hoy a Gerchunoff, nombre que muchos excluyen del placer de la lectura ociosa?[3]

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