Categoría: Cultura

Fuente: Tiempo Argentino    (8-06-2014)

Como cada cuatro años, estamos en los albores del fenómeno de masas más significativo de la cultura contemporánea. La realización de la Copa Mundial de Fútbol es el resultado de más de 150 años de desarrollo de un deporte que fue extendiéndose e instalándose a lo largo del tiempo hasta penetrar en el más recóndito lugar del planeta. Sus orígenes están en debate, hay quienes intentan encontrar exóticos antecedentes. Los orígenes más lejanos del protofútbol se ubican en el Extremo Oriente, concretamente en China y Japón.

En el siglo V a. C. los integrantes del ejército imperial chino se entrenaban con un juego muy parecido al fútbol. La pelota era casi redonda y el juego consistía en disputarse la pelota entre dos equipos, principalmente con las manos, aunque también con los pies, y pasarla por sobre un cordón tensado.

Los romanos tuvieron su propia versión de episkyros (derivado del juego griego), una rara mezcla de handball, fútbol y rugby al que llamaron haspartum. Se jugaba por dos grupos, que podían variar en número de integrantes, y consistía en impulsar la pelota hasta una línea que marcaba el campo rival y convertir el gol. El juego se utilizaba en la milicia como divertimiento y como ejercicio físico.

En la Galia se jugaba un juego parecido al fútbol desde épocas inmemoriales, que no tenía conexión con el haspartum romano, y continuó jugándose en lo que hoy es Francia. El juego se llamaba soule, y hacia el siglo XI se jugaba por todas las clases sociales. En Francia fue prohibido dos veces, una en 1319 por el rey Felipe V y otra en 1369 por Carlos V, debido a la violencia.

El fútbol que hoy conocemos se inventó en las islas británicas, se tienen noticias en el siglo VIII, sobre la base de prácticas antiguas de guerreros bárbaros (normandos y otros grupos nórdicos) que solían entretenerse y descargar furias residuales pateando las cabezas de sus enemigos vencidos en batallas militares. Ya con una pelota con aire, los primeros encuentros se habrían realizado en la ciudad de Derby entre británicos y romanos. El 23 de octubre de 1863 puede considerarse como el día del nacimiento del fútbol moderno. Fue en la Freemason’s Tabern, de Great Queen Street, en Londres, el lugar donde se fundó la Football Association (Asociación de Fútbol), primer club y asociación de fútbol del mundo.

Lo cierto es que más allá del uso de ese objeto de deseo esférico llamado pelota, que supo entretener a diversas culturas a través de la historia, la magnitud que ha tomado el juego crecientemente en los últimos 80 años es un fenómeno de masas que permite múltiples abordajes. Pero su verdadera expansión se da cuando el deporte es incorporado por las instituciones educativas inglesas o las empresas de ferrocarril a lo largo y ancho de las colonias y semicolonias económicas en el apogeo del Imperio Británico en las últimas décadas del siglo XIX . El Río la Plata no fue la excepción, por sus vínculos de histórica dependencia. Ya en 1890 se jugaba en la calle y en el patio de los conventillos, siendo la pelota de trapo la principal adaptación de las clases populares al deporte británico.

Pero el punto de inflexión de la institucionalización global del juego se da en 1930 en Uruguay. Coincidiendo con las celebraciones del centenario de su independencia, se organiza el primer campeonato mundial de fútbol de la historia, donde se demostró que su escuadra nacional continuaba siendo la mejor tras alzarse con el oro en los Juegos Olímpicos de 1928. Ese primigenio ensayo a escala mundial, transmitido por radio y recepcionado por importantes franjas de la población, a través del éter por la novedosa radio a galena, se dio en medio de la crisis capitalista de 1929, con la deserción de algunas naciones. Pese a que Uruguay se ofreció a solventar los costos, sólo Francia, Bélgica, Yugoslavia y Rumania acudieron a la cita. Tras el boicot europeo, los organizadores debieron disminuir el número de participantes en el torneo, de 16 a 13. Pese a estos inconvenientes, el Mundial fue un éxito. De esa emocionante final amateur entre la Argentina y Uruguay, fueron 18 las citas mundialistas que se han realizado hasta este campeonato en Brasil.

Cada encuentro futbolístico fue la expresión de la transformación del deporte más popular, en consonancia con las distintas coyunturas del desarrollo capitalista. De esa originaria forma artesanal de juego propia de la etapa del librecambio, hasta la normatización europea, donde la gambeta criolla y las condiciones técnicas fueron remplazadas por las tácticas y la sistematización del juego en equipo, propia de los métodos fordista de producción con posterioridad a la crisis del '29, hasta avanzada la década del '70. Hoy en día –en plena sociedad del espectáculo– el fútbol, sin dejar de ser ese maravilloso deporte que atraviesa pasiones, se ha convertido –en la era del capitalismo financiero–, en uno de los principales negocios en el universo de los deportes profesionales.

El devenir del antiguo capitalismo de producción en su metamorfosis en capitalismo de consumo, ha hecho del más popular de los deportes un hecho social y económico paradojal. Cientos de miles de jóvenes, habitantes de barrios marginales en la periferia de la globalización, intentan salir del fango existencial gambeteando su destino precario. Con el norte puesto en convertirse en una estrella rutilante del planeta fútbol. Ese moderno dispositivo de ascenso social de las clases subalternas, se combina con el inmenso negocio de las marcas, la publicidad y el mundo del marketing mediático.

A partir de esta semana cientos de millones de televidentes fijarán su atención durante más de un mes, en el gigante sudamericano. En Brasil, ese país emergente en camino a potencia mundial, se cruzarán las coordenadas exactas de la meca futbolística del 2014. Y las profundas asimetrías económicas y sociales del desigual mundo contemporáneo quedarán entre paréntesis en la competencia de un once contra once de diversidad y júbilo compartido por los habitantes del planeta Tierra. La crisis recesiva del continente europeo, la desocupación estructural, la precarización laboral y las calamidades del mundo contemporáneo pasarán a un segundo plano. La pasión multitudinaria nos atravesará a todos y el negocio será redondo.