Categoría: Cultura

 Fuente: Revista CONVERGENCIA  n° 49  (4-04-2013)

Una porteña del barrio de Chacarita con sabor a ídish, la definiría. Manuela Fingueret y yo no éramos amigas. Nos veíamos espaciadamente. Amaba los libros y eso nos convocaba. Diez años atrás, promovía actividades culturales en donde los libros eran los verdaderos protagonistas. Así pues, una noche en una descascarada biblioteca de Palermo disfruté un espectáculo musical basado en la poética de Humberto Costantini. La actriz y cantante Márgara Grager acompañada por el guitarrista fueron deshojando las páginas de “Cuestiones con la vida”.

En la penumbra del recinto, anoticié la aparición de La Polaca, mi primera novela. Manuela comentó que Costantini estaba escribiendo una historia sobre proxenetas de la Zwi Migdal, que la muerte interrumpió. En aquel momento nos envolvió la voz de Márgara “… Para qué nombrar sus noches, su llanto, su amargo pan, su vieja canción en ídish, los golpes de su rufián…” La polaca Raquel Liberman nos había estrechado en un abrazo.

La última vez que estuve con Manuela fue en la Feria del Libro Judío en Hebraica. Esa tarde de libros, ella fue el motor del homenaje al inolvidable Héctor Yánover. Disminuyó la luz en el Café Literario y tomaron protagonismo la imagen del poeta librero y su voz, grave y musical. Después llegaron las palabras de la amiga. Había sembrado memoria. Cuando me enteré de su partida, imaginé sus ojos curiosos recorriendo pasillos de una librería celestial junto a Yánover, que la estaba esperando. Acá en la Tierra, nos dejó sus libros, que hablan por ella.

 *Escritora

Nuestro homenaje

En el N° 9 de Enero/Abril  de 2003, en el marco de un nuevo aniversario del golpe cívico-militar, nuestra revista publicó un poema de Manuela Fingueret de su libro “Esquina” que volvemos a reproducir.

PLAZA DE MAYO esquina MADRES

Calesita sin sortija

de los jueves

pañuelo tatuado.

Una vuelta, quiero, digo

y otra más

hasta amanecer

cachete en mano

redonda como la luna.

 

Arrastran con pies y manos.

Rumbo fijo, NO.

Una vuelta, quiero, digo

una vuelta más y otra más

creciente nunca

de sombras

 

Calesita sin sortija

menguante

el lado oscuro de la luna.

Una vuelta, quiero, digo,

una vuelta más

el corazón colgado

en cada nombre

derrama leche en la plaza.

 

Mayo de Madres

pañuelo en el mástil

blanco de años

espera

dando vueltas y vueltas.

 

Calesita sin sortija

llueva o truene

sin rumbo fijo

a las res en punto.

Quiero, digo,

una vuelta más.

 

Murmullo de nombres.

Perdemos el rumbo, SI.

Una vuelta, quiero, digo,

una vuelta más

y otra más.

La sortija en la calesita

Menguante y creciente.