Categoría: Cultura

 Fuente: Revista CONVERGENCIA N° 48   (5-12-2012)

“Una civilización que olvida su pasado está condenada a revivirlo”. Sobre esta afirmación de George Santayana (principios del Siglo XX) se construyó todo un universo de memorias destinadas a innovar allí donde el olvido -o, mejor dicho, el ocultamiento- garantizaba la repetición. Pero el aforismo que hizo virtud del recuerdo, trajo más el recuerdo del horror que el recuerdo del amor. Y así, el mal, el mal supremo, (Hitler, Videla, para el caso) se posicionó como aspirante privilegiado para ocupar el trono de la memoria.

Con Memorias y Representaciones: Sobre la elaboración del genocidio (Fondo de Cultura Económica. 2012) Daniel Feierstein, nos aporta un saber definitivo para abordar ese horror, ese referente que -a despecho de las lógicas de la desensibilización, de los pactos denegativos y de las ideologías del sinsentido- se vuelve insoslayable en el presente. Y lo hace -mérito fundamental de la obra que nos convoca- cuando apela a los fundamentos políticos -y no técnicos- para afirmar la inclusión de la figura del genocidio, incluso en lo que nos toca tan de cerca: el caso argentino. Aquí el término no es aleatorio: genocidio es una toma de posición clara, precisa, que abre a un mundo de posibilidades elaborativas, reparatorias y esperanzadoras. Porque, ya se sabe: las diferentes maneras de representar el horror no son inocentes; en las diversas maneras de aproximarse al horror se juega no solo la apertura o la clausura de un movimiento orientado a la elaboración del trauma individual y colectivo sino, también, la posibilidad de interrogarse acerca de las condiciones que lo hicieron posible. De modo tal que el poder de la nominación decide con consecuencias imprevisibles cuando entre guerra, terrorismo de estado o crímenes contra la humanidad, elige genocidio. De ahí que Daniel Feierstein no se proponga demostrar la existencia de un genocidio en Argentina sino fundamentar el objetivo eminentemente político de considerar que, antes que una guerra, los crímenes contra la humanidad que mientras duró el terrorismo de estado aquí se cometieron, pueden ser  representados como genocidio.

Y, para eso, construye un marco conceptual y operativo tan sólido como flexible: los diferentes autores que Daniel Feierstein convoca, las diferentes teorías y las diversas disciplinas a las que alude, las controversias y las confrontaciones que sostiene, ayudan a complejizar lo que, hasta ahora, tendía a quedar clausurado por la perspectiva desde la que era abordado y le permite al autor, además, eludir el abismo del eclecticismo y la caída en la neutralidad académica.

Memorias y Representaciones. Sobre la elaboración del genocidio se pronuncia como el primer ensayo de una trilogía que augura un volumen dedicado al análisis del Juicio a las “Juntas” y otros más, y un volumen que hace foco en la “responsabilidad”. Memorias y Representaciones…fue, además, precedida por los “Seis estudios sobre genocidio. Análisis de las relaciones sociales: otredad, exclusión, exterminio” que Eudeba publicó en el 2000; y por “El genocidio como práctica social. Entre el nazismo y la experiencia argentina” que el Fondo de Cultura  Económica publicó en el 2007.

Este listado nos permite afirmar que estamos ante un edificio conceptual; estamos frente a una obra crucial: una obra instalada en el cruce de lo mejor que se produjo en la metrópoli, con la producción local y la apropiación periférica; una obra donde el autor se convierte en interlocutor intelectual de casi todas las autoras y los autores contemporáneos que han abordado el tema. De manera magistral, como solo puede hacerlo quien conoce ampliamente los textos fundadores, él los procesa y los metaboliza para desarrollar sus propias ideas, para arribar a conclusiones novedosas e inéditas y para construir su particular manera de afirmar un polo conceptual que, de aquí en más, será referencia obligada para todos aquellos que aborden el genocidio.

Después del capítulo dedicado a las neurociencias que da cuenta del carácter creativo y no reproductivo de los procesos de memoria viene la mirada de Freud acerca de la memoria, el trauma y el trabajo de elaboración. Esto es ¿cuáles son los aportes del psicoanálisis para la comprensión del genocidio?

Con Freud, a partir de Freud, el autor repasa los modos de inscripción, las huellas que en el aparato psíquico va dejando la crueldad y se apresura a subrayar que ese sentido, antes bien que construirse de manera individual, resulta de una interacción, no sólo con sus contemporáneos sino también con sus predecesores. Casi vigotzkiano, Daniel Feierstein reivindica el sentido sociohistórico de la vida psíquica. Pero en esa cabalgadura de lo individual con lo social aclara que no se trata de un desplazamiento mecánico por el cual la elaboración social del trauma deviene en una analogía de la elaboración del trauma individual: “al trasladar un concepto del plano de lo individual al de lo transubjetivo o incluso al plano social, (surge) una propuesta aún más radical: la comprensión de que las transformaciones generadas por la experiencia traumática siempre se saldan en el plano del vínculo intersubjetivo.”

“Sin embargo -dice Feierstein- no toda construcción de sentido se articula como parte de estos procesos de elaboración. Se ha visto que existen modalidades que, restableciendo cierta coherencia, implican no obstante la legitimación de pactos denegativos. Estos pactos se basan en la propia negación de la existencia subjetiva previa. Esto es: no hay arrasamiento porque en verdad no había nada que arrasar, al no existir sujeto.”

Y hay algo más: la falta de sentido; la acumulación desensibilizadora… La imposibilidad de abordar el hecho traumático se apoya entonces, en una ideología estructurada y estructurante de la desensibilización donde triunfa la falta de sentido. “Se llamará a esta configuración ideología del sinsentido, basada en la renuncia consciente e ideológicamente justificada a toda búsqueda de estructuración de la propia identidad, articulada algunas veces con el cinismo, otras con el nihilismo, las menos, con la sátira o la burla.”

Hay una maldad que es inabarcable para el pensamiento y excesiva para la imaginación; existe una maldad que es inimaginable, negatividad absoluta que da cuenta de la radicalidad misma del horror; existe una maldad para la cual toda representación será inadecuada e incompleta pero aun así, esa representación tiene una dimensión -una obligación, diría- eminentemente política, porque en la posibilidad de imaginar el horror se juega la resistencia última a no quedar definitivamente arrasados cumpliendo de manera sumisa y cómplice el objetivo último de los campos -el “fin de la solución final”- que consistió en matar la muerte; el fin de la solución final que consistió en cometer un crimen sin resto y sin memoria. Como diría Nancy, “en el espectáculo del aniquilamiento de la posibilidad de representación misma”

Como lo diría Freud: “Hemos intentado matar la muerte por el silencio”

Pues bien: Daniel Feierstein escribió un bello libro sobre un tema horrible. Daniel Feierstein escribió. La escritura, ya se sabe,  está del lado de lo fijo, de lo inmutable; es, si se quiere, conservadora.  Por el contrario, la lectura está del lado de lo efímero, es siempre innovadora. La lectura es ese acto singular que resiste indoblegable a cualquier imposición de sentido. En principio porque la lectura no está inscripta en el libro y, a despecho de la intención que como autor pueda asignarle, la interpretación que del texto haga quién lo lea queda libre de volar por donde Feierstein no lo ha previsto.  Entonces, ya que este libro no existe a no ser por la significación que nosotros como lectoras y lectores podamos otorgarle, aceptemos el desafío de llenarlo de sentido.

Michel de Certeau decía que “el valor de un texto está determinado por la exterioridad del lector. El valor de un texto se encuentra en el juego de implicaciones y de astucias entre dos tipos de expectativas combinadas: la que organiza un espacio legible (una literalidad), y la que da los pasos necesarios para la ejecución de la obra (la lectura).”

Pues bien: Daniel Feierstein escribió. Nosotros somos sus lectores: viajeros que circulamos por su tierra, nómades furtivos que atravesando sus campos vamos arrebatando frutos.

Daniel Feierstein escribió. Ahora, léanlo. Transiten el libro, circulen por su texto, háganlo volar, pasen y repasen por sus reflexiones, por ese desborde de luminosa inteligencia acerca del horror. Llévenlo allí donde el no pudo imaginarlo.

* Psicoanalista