Categoría: Cultura

Fuente: Revista CONVERGENCIA N° 48    (5-12-2012)

Máximo referente de la cultura judía y la autonomía nacional de la Europa oriental

El 25 de octubre de 1941 todos los judíos de Riga, capital de Letonia, y sus alrededores fueron trasladados por los nazis al gueto de la ciudad, mientras se procedía a la expulsión de los no judíos de esa zona. Días más tarde, el 30 de noviembre y 8 de diciembre de 1941 el ejército de ocupación nazi, con el imprescindible aporte local, llevó a cabo la Masacre de Rumbula, una matanza masiva de 25000 judíos en un bosque en las afueras de Riga. Salvo la masacre de Babi Yar, en Ucrania, esta fue la mayor de las atrocidades cometidas por el nazismo en la 2ª Guerra Mundial, un horrendo crimen de lesa humanidad que preanunciaba el Holocausto, antes que comenzaran a operar los campos de exterminio.

En ese número de asesinados, se encontraba el insigne ensayista, historiador y pensador Simón Dubnow que, junto con otros intelectuales judíos, fueron los que distanciándose de las rígidas posturas religiosa imperantes en la vida judía a fines del siglo XIX, conformaron un pensamiento secular y racional que permitió luego la incorporación de nuevas concepciones políticas, culturales y nacionales en las densas comunidades judías de la Europa Oriental.

Simón Dubnow nació el 10 de septiembre de 1860 en Mstislavl, un pequeño poblado de Bielorrusia, comprendido dentro del conglomerado del Tjum Hamoshav (zonas de residencia permitida a los judíos). Criado en una familia de observantes religiosos, su educación transitó primero por el jeder (escuela elemental judía) y luego en la tradicional yeshivá, completando sus estudios del idioma ruso y otras asignaturas generales en la escuela estatal judía (cazioni yevreisko). Restringido su ingreso a estudios superiores, por las limitaciones que la autocracia zarista imponía, decide ser autodidacta en su formación cultural y académica. En pos de ella, Dubnow incursiona en la literatura iluminista de la Haskaláh, leyendo la literatura transgresora de Moshé Leib Lilienblum quien pregona por una mayor conectividad entre la religión y la vida y queda influenciado, como lo fueron muchos de los futuros militantes revolucionarios rusos, por los escritos de los nihilistas y críticos sociales rusos de mitad de siglo XIX, como Dimitri Pisarev y Nikolai Chernichevsky, el positivismo del utilitarista británico John Stuart Mill y los materialistas alemanes Karl Vogt y Ludwig Búchner. En su autobiografía, publicada en 1937, Dubnow escribe que, ya desde su juventud, rechazaba lo que consideraba creencias supersticiosas y prácticas obsoletas de la religión judía, aunque llegó a reconocer el importante rol que esta tuvo en el mantenimiento de la identidad judía durante su largo exilio diaspórico.

Vivió ilegalmente en San Petersburgo desde 1880 hasta 1884 por estar está ciudad fuera del Tjum, trabajando como periodista o crítico literario en diversas publicaciones judías escritas en ruso, principalmente el Vosjod.  Pero se ve obligado a abandonarla, regresando con su esposa a Mstislavl. Su esperanza sobre el futuro de la vida judía en Rusia no fue sacudida inmediatamente por los pogroms producidos en 1881-82, luego del asesinato del zar Alejandro II, pero a medida que la década va llegando a su fin, esta visión de Dubnow se va diluyendo. Las ordenanzas persecutorias implementadas por el zarismo contra una comunidad cercana a los cinco millones de habitantes, seguida por su cruel expulsión de Moscú en 1891, lo convencen de que el modelo de emancipación judía registrada en la Europa occidental, lejos estaba de concretarse en la Rusia imperial. A partir de allí adopta un enfoque completamente distinto, uno más compatible con los antecedentes históricos y culturales de la Europa oriental, modificando su concepción universalista, y volcando ahora todo su accionar en favor del pueblo judío.

A fines de 1880, Dubnow queda impactado por los escritos de Heinrich Graetz, uno de los primeros en escribir una comprehensiva y más racional historia del pueblo judío. Su influencia en Dubnow quedó traducida en su decisión de que su futura misión intelectual, sería dedicar todo su esfuerzo en la  investigación y elaboración de lo que con el  tiempo culminará en su obra cumbre: “La Historia Universal del Pueblo Judío”.

En su autobiografía escribe: “Mi interés pasa por una amplia concepción de la historia del jasidismo, una completa historia de los judíos de Europa Oriental, hacia un plan más amplio consistente en una historia general del pueblo judío”. Y su primera contribución fue una serie de artículos escritos en el Vosjod sobre los orígenes del jasidismo, que luego concreta en una “Historia del Jasidismo” aparecido en 1888.

En 1896, publicó Dubnow su primera historia de los judíos. Este libro, reescrito y ampliado varias veces, tuvo un gran impacto en Rusia, culminando finalmente en la “Historia Universal del Pueblo Judío” en 10 volúmenes, que en la década de 1920 y 1930 se publicó en alemán, ruso, hebreo y otros idiomas. Dubnow rotuló su enfoque histórico como "sociológico", resaltando de cómo las instituciones judías han sido sustitutivas de las que normalmente posee un estado formal. Estas estructuras cuasi-políticas, escribe Dubnow, fueron una manifestación de la capacidad del judaísmo en superar los requisitos habituales de la nacionalidad, enfatizando la naturaleza subjetiva que tiene el concepto de identidad nacional, una identidad basada esencialmente en los sentimientos de unidad y memoria histórica común.

En artículos aparecidos en el Vosjod titulados “Cartas Acerca del Antiguo y Moderno Judaísmo,” en una de sus cartas se pregunta: ¿Cómo pudo mantenerse unida la dispersa nación en el transcurso de tantos centenares de años sin un estado y sin un territorio? ¿Acaso por apegarse al judaísmo bíblico? ¿Por su disciplina al Talmud y al rabinismo? ¿Por la cerrazón del gueto? ¿Por la autonomía de la vida interna? Si... pero todas esas son solo expresiones formales del ser nacional. En otra de sus cartas afirma: “El pueblo judío luego de haber transitado las etapas iniciales de su formación nacional, ha sabido mantener vigente el aporte de elementos históricos culturales que le han permitido consolidarse como una nación espiritual, circunstancias que explican su manifiesta voluntad de seguir manteniendo su continuidad a pesar de su extraterritorialidad”. Factores determinantes que, a su juicio, son superiores a la idea nacional referida a una simple concentración territorial.

Para él, cualquier país de la Diáspora podría ser considerado como territorio válido para llevar a cabo esta concepción autonómica. Y sobre la organización de la vida nacional judía, Dubnow da una clara y exhaustiva respuesta: “El judaísmo como una expresión nacional cultural no puede por su dispersión pretender un separatismo territorial sino acceder a una plena autonomía cultural y nacional dentro del territorio.”Y esta autonomía nacional debe ser implementada por la kehilá judía, enraizada e histórica institución autonómica que ha regulado y dirigido a las diversas comunidades de la Diáspora milenaria y que, en el presente contexto histórico, deberá ser esencialmente laica, es decir, que no solo comprenda a los sectores religiosos, sino a toda la población judía mayor de edad de un determinado lugar”. Sin entrar a detallar la estructura interna que, según Dubnow, debería tener la kehilá para lograr un eficiente y democrático funcionamiento, contando además con un organismo adicional ante los distintos estamentos del poder, podemos señalar que fue el modelo que adoptaron las múltiples comunidades judías residentes en las naciones europeas que emergieron luego de la 1ª Guerra Mundial, y posteriormente nuestra propia comunidad.

Todas estas ideas de autonomía cultural y de los derechos de las minorías de Rusia, nutrieron la ideología del Folkspartei (Partido del pueblo) que Dubnow ayudó a fundar en 1907 cuando el zarismo permitió funcionar un parlamento (Duma), luego de la Revolución de 1905. 

En un mundo judío donde tienen relevancia personajes de mucha menor valía, y que han trastocado importantes valores que son los verdaderos elementos de nuestra identidad nacional, sea esta nota nuestro humilde homenaje a una de las grandes personalidades judías, trágicamente desaparecida con la Shoá hace 71 años.