Categoría: Cultura

Fuente: Revista CONVERGENCIA N° 42     (5-07-11)

Destacado escritor y periodista judío que logró sobrevivir en la ex Unión Soviética

 Ante la total ausencia en la Rusia actual de una activa, inteligente y prolífica clase intelectual judía, diezmada por los trágicos acontecimientos genocidas que tuvieron lugar en su territorio durante el siglo pasado y llevada a cabo por los totalitarismos de turno, no podemos menos de tratar de rescatar para nuestra frágil memoria colectiva algunas figuras notables, que con sus defectos y notorias virtudes, dieron vida a una comunidad que pese a las permanentes discriminaciones sufridas, trató de mantener su vigencia nacional en la Rusia multiétnica, cualquiera hubiera sido el régimen que eventualmente rigiera sus destinos.

 Muchos de estas reconocidas personalidades estuvieron comprometidos con los alentadores ideales liberadores de la Revolución de Octubre, a la que dedicaron buena parte de su actividad personal y producción literaria. Una intelectualidad que, junto con una conspicua dirigencia política de origen judío, buen número de ellos integrando altos cargos en el elenco gubernamental del país, fueron víctimas luego del implacable rigor que impuso el régimen estalinista con la implementación de las temerarias purgas de los años 36-37. Sería larga la lista de importantes referentes de esa cultura judía laica que, junto con desplazados dirigentes judíos del partido gobernante ruso, fueron ultimados en esos nefastos años y a partir de 1948, luego de la trágica guerra del Holocausto. Resulta hoy muy evidente que el propósito del poder omnímodo vigente en la Unión Soviética, fue aniquilar todo vestigio de la cultura judía existente, hechos que derivaron en verdaderos actos de un virulento antisemitismo manifestados en agobiantes juicios armados que culminaron con el asesinato de los principales escritores judíos del país en agosto de 1952. Hechos luctuosos que el poder trató de ocultar por años, y que debía completarse con un enjuiciamiento masivo por un fabulado complot de médicos judíos, hecho demencial abortado por la muerte de Stalin en 1953.

Bajo este telón de fondo es que trataremos, aunque sea brevemente, de abordar la vida y obra de una figura señera de la literatura y el periodismo ruso de origen judío que pudo sortear, aunque dificultosamente, estos trágicos acontecimientos en la Rusia soviética.

Ilya Grigorevich Ehrenburg nació en 1891en Kiev, la actual capital de Ucrania, en el seno de una familia acomodada en la que solo su madre observaba el ritual judío. Trasladada su familia a Moscú en 1895, pudo recibir una instrucción esmerada, y en el Gimnasio* principal de esa ciudad y a temprana edad se contacta con Nicolás Bujarín involucrándose ambos en las jornadas revolucionarias de 1905, editando un periódico clandestino e incorporándose posteriormente al bolcheviquismo.

En 1908 a los 17 años es arrestado y liberado a los cinco meses por razones de salud, pero al reincidir en sus actividades políticas es nuevamente arrestado. Previo pago de 500 rublos logra su padre liberarlo, enviándolo rápidamente a Alemania con el fin de que prosiga con sus estudios, pero cambia su itinerario dirigiéndose a París porque, como escribió en su autobiografía, allí estaba Lenín.

Sin embargo, bien pronto, el interés de Ehrenburg por la política comienza a desvanecerse y se dedica a escribir poesía. Esta desilusión por la política se produce en su contacto con León Trotsky en Viena al que llega a considerar dogmático e intolerante.

En 1911 Ehrenburg tiene suficiente dinero para publicar sus poesías tituladas “Versos” que se editan en dos volúmenes en donde alternan temas del catolicismo y los sufrimientos del pueblo judío, mereciendo elogios de la crítica literaria que paulatinamente va reconociendo sus méritos.

En 1914 publica en París una antología de sus propias traducciones de los poetas franceses en la que incluía a Verlaine, Rimbaud y Apollinaire. No le es permitido regresar a Rusia por sus antecedentes revolucionarios, y recién lo puede hacer al producirse la Revolución de Febrero de 1917. Sus inclinaciones políticas estaban en aquel momento a favor de Kerensky y no con los bolcheviques, y vivió la Revolución de Octubre recluido en su casa.

A inicios de 1918 publica una colección de versos titulados “Una plegaria para Rusia”. En un trabajo de esta colección, “El Día del Juicio Final”, Ehrenburg expresa su hostilidad hacia el bolcheviquismo, siendo descalificado por los críticos literarios del régimen instaurado, juicios emitidos que posteriormente el propio Ehrenburg desechará en 1921.

En 1918 se muda a Kiev donde se casa y asume como director de educación estética para delincuentes juveniles en la que parece haber realizado una encomiable labor. En 1919 el ejército blanco ocupa Kiev y Ehrenburg comienza a escribir artículos contra el bolcheviquismo. Esta actitud, sin embargo, no aplaca a los virulentos antisemitas del ejército blanco que van a buscar al judío Ehrenburg a su casa, viéndose este obligado a huir junto con su esposa a Crimea. De allí se dirige a Moscú donde es arrestado acusado de ser cómplice de los contrarrevolucionarios, siendo rápidamente liberado, seguramente por intervención de Nicolás Bujarín, ya convertido en aquel entonces en un reconocido dirigente partidario integrado al gobierno bolchevique.

Disgustado con lo que ocurría en la Unión Soviética se marcha del país en 1921 y se radica en Bélgica, y en ese año escribe lo que muchos críticos consideraron su mejor novela: Las Extraordinarias Aventuras de Julio Jurenito y Sus Discípulos, una obra en que ridiculiza tanto al capitalismo de Occidente como al régimen soviético.

Al proclamarse en 1931 la Segunda República Española viaja a España como corresponsal y escribe España, república de trabajadores (1932). En 1934, en el Congreso Internacional de Escritores que tuvo lugar en Moscú, en su discurso se opone a la postura de Máximo Gorki que abogaba por la doctrina del socialismo realista, ponderando además la obra de Boris Pasternak e Isaac Babel y sumando su voz a los pedidos de mayor tolerancia a la creación literaria.

Durante la Guerra Civil Española fue corresponsal del Izvestia y escribió los libros No pasarán (1936) y Guadalajara: una derrota del fascismo (1937), libros que lo reconcilian con los comunistas.

En diciembre de 1937 comete la temeraria actitud de viajar a la Unión Soviética por unas cortas vacaciones, en plena época de durísima represión estatal, donde son arrestados centenares de escritores y militantes conspicuos del partido gobernante que son sometidos a juicios sumarios acusados de complotar contra el estado, entre ellos su viejo amigo Nicolás Bujarín. Al pedido del periódico Izvestia de que escriba sobre el juicio, Ehrenburg se niega terminantemente. Cansado de reclamar su permiso de volver a España, que ahora le es retaceado, se dirige epistolarmente a Stalin pidiendo su autorización, que sorpresivamente le es concedida.

De vuelta a Europa, continuó escribiendo artículos desde España y Francia. En agosto de 1939 sufre un severo deterioro en su salud que lo mantuvo alejado de su actividad por más de ocho meses, circunstancia que coincide con el anuncio del pacto Ribbentrop- Molotov. Por su posición netamente antifascista, que no oculta, su voz es silenciada en Moscú. El Izvestia dejó desde entonces de publicar sus artículos.

En los primeros meses de 1941 Ehrenburg completa la primera parte de su novela La Caída de París donde cubre la Francia de la preguerra y la decisión francesa de no intervenir en España. Seguidamente vuelve a la Unión Soviética donde nadie lo recibe y al pretender publicar esta obra debe realizar modificaciones para no molestar a Alemania, hasta ese momento aliado de Rusia.

 Cuando Hitler atacó a la Unión Soviética el 22 de junio de 1941, Ehrenburg se convirtió recién entonces en una feroz arma literaria contra el enemigo. Durante la guerra escribió más de dos mil artículos, en su mayor parte en el periódico La Estrella Roja, ganando amplia credibilidad en las tropas por escribir con franqueza respecto de la real fortaleza de los alemanes y admitiendo las pérdidas rusas, pero también expresando un odio feroz hacia el enemigo, sentimientos que logra transmitir al campo de batalla. En mayo de 1944 Ehrenburg recibió el Premio Lenín por sus esfuerzos en tiempo de guerra.

Durante la guerra, junto con su colega el escritor Vasili Grossman, llevaron a cabo un proyecto que se denominó El Libro Negro. Bajo la dirección de ambos, más de veinte escritores trabajaron en documentar los horrores sufridos por el judaísmo ruso en manos de los nazis y sus aliados. Al principio, el proyecto fue avalado por el Comité Antifascista Judío. Mas tarde la política oficial hacia los judíos cambió, al no querer distinguir que hubo una especial politica racial en el exterminio de las comunidades judías en Rusia. El libro fue criticado además por dedicar demasiada atención a los traidores y colaboradores ucranianos y lituanos que se prestaron a esta acción genocida, y por lo tanto su publicación no llegó a efectuarse. Recién fue publicado en 1970, no en Moscú sino en Jerusalén.

Ilya Ehrenburg contribuyó al culto de la personalidad colmando de elogios a Stalin cuando y donde era apropiado, pero ocasionalmente tenía pequeños gestos de comportamiento independiente. En 1949, Ehrenburg estuvo cerca de desaparecer del escenario cultural y periodístico cuando Stalin arremetió con su campaña antijudía. Sus trabajos dejaron de aparecer y sus artículos fueron cambiados por otros. Ehrenburg apeló nuevamente a Stalin y recibió inmediatamente un reaseguro telefónico de parte de Malenkov. A continuación, Ehrenburg es enviado como el delegado soviético al Congreso Mundial por la Paz reunido en París y en el mismo año es elegido diputado al Congreso de las Nacionalidades por un distrito en Riga, cargo que mantendrá hasta su muerte acaecida en 1967.

Sin poder abarcar toda su obra literaria en el limitado espacio de este artículo, solo podemos lamentar que hoy adolecemos de personalidades de la talla de Ilya Ehrenburg que, con sus defecciones y notorias virtudes, enriquecieron con su activismo vital el quehacer cultural de un mundo en crisis, a pesar de guerras exterminadoras y totalitarismos en acecho.

* Denominación rusa del colegio secundario