Categoría: Cultura

Fuente: Revisa CONVERGENCIA N° 41    (8-04-11)

 Líbano, 1982. El ejército israelí emprende su primera ofensiva sobre ese país. En este contexto, a un grupo recién iniciado de soldados se les encomienda la misión de avanzar con su tanque hacia un pueblo bombardeado previamente por la Fuerza Aérea Israelí. Pero algo que parece sencillo se transforma en una trampa mortal para estos jóvenes que nunca antes habían matado y que ahora les toca vivir de cerca el lado más oscuro, absurdo y horroroso de la guerra.

Líbano no es una película más de Guerra. Por el contrario, su esencia se centra en mostrar las vivencias de estos cuatro soldados novatos que por orden de sus superiores deben cumplir una misión a desarrollarse íntegramente dentro de un tanque. De esta manera, los cuatro ocupantes lucharán por sobrevivir esas 24 horas que les llevará cumplir con la tarea mientras se enfrentan con lo más crudo de la Guerra, dentro y fuera del tanque. Pero quizá lo más grave que deban afrontar es el hecho de haber quedado abandonados a su suerte en medio de territorio enemigo al perder comunicación con el exterior.

Y así, en este ambiente de pánico y caos, donde la incertidumbre pasa a ser el factor común (saben que pueden morir en cualquier momento), los soldados comienzan a sentir cómo brutalmente se quebranta su juventud. Sin embargo, ellos intentan conservar su integridad y buscan, a pesar de todo, mantenerse “vivos”.

El mejor logro de la película, mérito del director, es haber podido crear una atmósfera claustrofóbica desde ese pequeñísimo ambiente en donde se desarrolla la historia: el tanque. Y con este recurso, el film consigue que el espectador pueda sentir en tiempo real lo que están sintiendo los protagonistas mientras avanzan en su misión, y al igual que ellos, poder ver todo lo que va sucediendo afuera a través de la mirilla. Como el drama ahí adentro va increscendo a medida que los soldados se van enfrentando a situaciones cada vez más límites, como tener que matar a sangre fría por primera vez o convivir por unos instantes con un soldado muerto en combate, el stress y la desesperación que uno va sintiendo al ver la película también aumenta.

Hay que decir algo. Líbano es una película personal. Es que el director, Samuel Maoz, se basa en sus propias experiencias como soldado novato durante la Guerra del Líbano para contar esta historia, que involucra la vida de jóvenes que de un momento a otro pierden la inocencia y la hasta ahora vida normal para pasar a experimentar la “guerra” con todo lo que ello implica.

Uno de los aspectos destacables e interesantes que logra este director es la narrativa en imágenes. Porque, como dice el dicho, “una imagen vale más que 1000 palabras”. Y el film no necesita de bajadas discursivas de línea de sus protagonistas para dejar en claro lo que se quiere mostrar: la guerra es absurda y destruye todo cuanto se ponga en el camino. Niños, ancianos, trabajadores, civiles, soldados, hombres, mujeres. Hasta los animales. A todos les puede tocar. 

Con un fuerte discurso anti-bélico, entonces, la película logra su cometido: generar en el espectador todo tipo de sensaciones e interrogantes. Y es por esta razón que vale la pena transitar junto a los protagonistas esta odisea que demuestra que quienes siempre pierden son los que ponen el cuerpo, muchas veces dejando a una madre sin su hijo, y muchas otras, dejando en ellos mismos una huella que posiblemente ni el paso del tiempo sea digno de borrar. Y esto aplica para ambas partes implicadas en el conflicto. Porque en definitiva, sea donde sea, la guerra siempre es motivo destructivo para la humanidad.

*Socióloga, UBA

Ficha Técnica

Título Original: Lebanon

Dirección y guión: Samuel Maoz

Origen: Alemania, Francia, Israel, Líbano 

Género: Guerra, Drama

Duración: 93 minutos

Año: 2009