Categoría: Conmemoraciones

Fuente: Revista CONVERGENCIA N° 49    (4-04-2013)

Un legado siempre vigente

Este año se conmemora el 70 aniversario del levantamiento del gueto de Varsovia. Es un momento en el que honramos a los héroes que se alzaron contra la opresión y el asesinato nazi. Ellos lucharon por la vida y para defenderla dieron la suya. Defendieron la dignidad de la condición humana. No permitieron que los deshumanicen. Se enfrentaron al poderoso enemigo y triunfaron entregando su propia vida.

 Nos dejaron un legado de lucha y de esperanza. Lucha y esperanza porque ellos sabían que era lo que defendían. Defendían la libertad, la vida con dignidad, y querían transmitir esos valores a las generaciones venideras.

Pero ¿cómo fue que lograron sobreponerse a tamaña opresión, engaño y sufrimiento? Los jóvenes militantes de los movimientos políticos de izquierda de la comunidad judía polaca habían percibido tempranamente la necesidad de concientizar al pueblo acerca del peligro inminente que se cernía sobre ellos.

Sabían que en Polonia, donde el pueblo judío representaba aproximadamente el 15% de la población total, la situación era hostil, lo habían vivido antes de la ocupación alemana. En la década del 30 habían formado grupos de autodefensa contra los pogroms polacos. Sabían que la única forma de defensa era un pueblo consciente de sí mismo y de la inminencia de su propia destrucción. Esa era el arma de lucha.

En el comienzo de la guerra buena parte de la dirigencia judía se refugió en el este, sin embargo los líderes de los movimientos juveniles retornaron a los guetos para organizar la resistencia y realizar tareas que posibilitaran la supervivencia de la población.

La situación era muy dramática, ya que en los dos primeros años de la instauración del gueto de Varsovia, murió el 20% de la población por hambre y enfermedades. La ración de proteínas diarias asignadas a los judíos era tan baja, que si no hubiera existido un trabajo coordinado de ayuda social, con la instalación de comedores, redes de contrabando de alimentos y medidas preventivas en salud, los nazis hubieran logrado su objetivo más rápidamente.

El plan alemán consistía en quebrar todo tipo de resistencia, de apego a la vida, cualquier atisbo de solidaridad. Era un plan de destrucción total, que dadas las circunstancias, no todos estaban en condiciones de percibir en toda su dimensión.

La rebelión se produce en 1943, pero no sucedió de un momento para otro. La preparación fue larga y se produjeron hechos desencadenantes, como ser las deportaciones masivas de 1942 que redujeron la población del gueto de 360.000 a 60.000 habitantes. 8 de cada 10.

Ante la grave situación los dos bloques políticos, tanto los sionistas socialistas y los comunistas, como el Bund y los judíos militantes en el Partido Socialista Polaco, se unificaron en octubre de 1942 en la Organización Judía de Combate (OJC), encabezadas por los dirigentes mas experimentados, todos ellos muy jóvenes. A fines de 1942 la organización contaba con más de 50 grupos de jóvenes de 5 miembros cada uno, que conformaban células, que ya habían recibido instrucción militar, pese a la carencia de armas.

Comienza una etapa de ajusticiamiento de colaboracionistas dentro del gueto lo que hace crecer el prestigio de la organización.

Ya no se toleraría una deportación más. Mucho sufrimiento y aprendizaje constante produjeron un grado de activación y concientización que hacían esto posible.

El momento clave llegó en enero de 1943. Los alemanes estaban decididos a liquidar el gueto. Como en otras ocasiones, trataron de dividir a la población, prometiendo que solo deportarían a 16000 de los 60000 habitantes. Sin embargo, esta vez nadie cayó en su trampa. Una vez que ingresaron al gueto fueron recibidos con bombas molotov, balazos y granadas. Hubo una gran sorpresa, no solo se los pudo rechazar, sino que también sufrieron bajas y por primera vez, se pudo impedir una deportación masiva hacia los campos de la muerte.

Ya no había lugar para la negociación, esto ya se había demostrado inútil, ahora los judíos sabían que la única forma de afrontar la situación era la resistencia armada. Pero el costo fue enorme, de los 50 grupos sobrevivieron 5, había que empezar de cero.

A partir de enero la Organización Judía Combatiente, logra el control total del gueto, y consigue armas. Los alemanes intentan nuevos asaltos y fracasan con nuevas pérdidas.

El 19 de abril se lleva a cabo la ofensiva final. Ya no era de carácter policial. Esta vez, se involucró una poderosa fuerza militar conformada por 1000 efectivos de infantería, tanques, 1000 SS de la fuerza blindada, 600 policías, mas colaboracionistas letones, ucranianos y polacos, y una fuerza de zapadores.

Necesitaron cinco meses para imponerse a una organización de carácter municipal, muy inferior en número y armamentos, pero con una determinación y valentía sin igual.

El gueto de Varsovia había sido arrasado, pero su población había enviado un mensaje al mundo judío: “No mas deportaciones. Era hora de enfrentar al enemigo.

En nuestro país quizá se vean estos sucesos como lejanos tanto geográfica como cronológicamente. Pero no es tan así. Solamente baste recordar que en Estados Unidos y América Latina (Argentina incluida)  encontraron refugio una gran cantidad de jerarcas nazis y que en nuestro continente también se pusieron innumerables trabas a la inmigración judía antes y después de la guerra.

Pero ¿qué consecuencias tuvo todo esto para nosotros?. Sin ir más lejos la última dictadura militar, la más cruel que hayamos vivido, emuló al III Reich, con la desaparición forzada de personas. Así como los nazis convertían en humo a sus víctimas, el Proceso de Reorganización Nacional, los desaparecía. Aquí no se inventó nada, recluían y torturaban a los opositores en centros clandestinos de detención y luego los hacían desaparecer,  muchos de ellos en los “vuelos de la muerte”.

El legado de los combatientes del gueto de Varsovia debe seguir vivo a través de las generaciones, porque ellos nos enseñaron la importancia de la lucha por los ideales, por la dignidad humana, y esto es posible con un trabajo constante y con una fuerte idea de conjunto. No se rescata la dignidad humana con una visión individualista. Justamente, lo que nos ilumina es la generosidad de estos jóvenes que volvieron a los guetos y entregaron su vida para que las generaciones futuras puedan vivir con dignidad.

Hoy el legado de Mordejai Anilevich y los combatientes nos ilumina. Su sueño comenzó a cumplirse con la fundación del Estado de Israel, aunque su existencia esté siempre amenazada, pero ese sueño va a quedar definitivamente realizado cuando la paz reine en Medio Oriente y sean desterrados los fundamentalismos sedientos de sangre. Cuando ya no existan negacionistas con su mensaje de odio y destrucción.

En definitiva año tras año rendimos homenaje a Mordejai y los héroes del Gueto de Varsovia, luchadores de la vida y de la dignidad del pueblo judío, y a través de ellos honramos a todos aquellos que resistieron, de la forma en que pudieron y fueron arrasados. También honramos a los sobrevivientes, que no solo padecieron los horrores del nazismo, sino que también sufrieron durante toda su vida las consecuencias de tan traumática experiencia. También honramos a los justos que ayudaron a los judíos, muchos de ellos pagaron con la vida su acción. Pero no basta con esto, el verdadero homenaje lo tenemos que hacer todos los días, en la vida diaria, fortaleciendo los lazos sociales y trabajando por la educación y para que los valores dominantes sean la cooperación y la solidaridad y no el consumismo y el individualismo. De lo contrario nos quedaremos en el homenaje pero no habremos hecho propio su legado.

* Presidente de Meretz Argentina