Categoría: Antisemitismo

Fuente: La Nación   (2-06-2014)

PARIS - La policía francesa detuvo en Marsella a un joven sospechoso de ser el autor del asesinato de cuatro personas en el Museo Judío de Bruselas el 24 de mayo. Mehdi Nemmouche, de 29 años, nacido en la ciudad de Roubaix, en el norte de Francia, tiene múltiples antecedentes policiales y durante un año combatió en Siria en una organización jihadista. Su detención, sin embargo, fue anunciada recién ayer por la justicia de Francia y Bélgica en forma simultánea.

El viernes pasado, los aduaneros que controlaban un ómnibus procedente de Amsterdam en la terminal Saint-Charles de Marsella en busca de estupefacientes nunca imaginaron que caerían sobre uno de los hombres más buscados de Europa.

A bordo del vehículo, Nemmouche llevaba en su equipaje un fusil de asalto Kalashnikov y un revólver con más de 50 municiones. "Las armas corresponden al tipo utilizado para la masacre de la capital belga", explicó el procurador de París, François Moulins. Trasladado el mismo viernes a París, fue conducido a la Dirección General de la Seguridad Interior (DGSI), en las afueras de París, para ser interrogado.

Entre su ropa, había una gorra como la que usaba el asesino en las imágenes de video difundidas por la policía belga. También había una filmadora portátil de tipo GoPro, que el agresor llevaba en el pecho fijada a la tira de un bolso que llevaba en bandolera. La policía también encontró un video de 40 segundos, donde aparece la bandera del Estado Islámico en Irak y en el Levante, un grupúsculo jihadista activo en Siria. Una voz parecida a la de Mehdi reivindica el ataque al Museo Judío y explica que, como la filmadora GoPro no funcionó ese día, decidió realizar una segunda película mostrando sus armas.

La justicia colocó a Nemmouche en detención preventiva por "asesinato" y "tentativa de asesinato relacionada con una acción terrorista".

En todo caso, los servicios de seguridad franceses conocen desde hace tiempo al individuo. La DGSI lo había fichado desde que, en 2012, recién salido de prisión, donde se habría radicalizado, inició un largo periplo que concluyó en Siria.

Nemmouche nunca conoció a su padre y fue colocado en una familia sustituta a los tres meses, debido a "carencias educativas" de su madre. Su tía habla de "un niño perturbado", que pasó de casa en casa antes de ser confiado a su abuela, a los 17 años.

Desde la adolescencia, Nemmouche cayó en la pequeña delincuencia. Pero el joven, que tiene dos hermanas, fue a la escuela, obtuvo su diploma de estudios secundarios e incluso hizo un año de derecho en la universidad.

Sus parientes lo definen como "amable, inteligente, atento y bien educado". También afirman que era "excesivamente discreto. Imposible saber qué pensaba", señaló su tía.

Delincuente reincidente, Nemmouche fue condenado siete veces y encarcelado cinco, afirmó Molins. En 2009, con otros dos acusados, fue condenado a dos años de prisión por un robo a un supermercado de Tourcoing.

Según las autoridades, habría sido durante su último período de detención, entre 2007 y 2012 en el sur de Francia, que el joven comenzó a hacerse notar por su proselitismo extremista. Cabeza rapada, fina barba y físico trabajado, Nemmouche pasaba el tiempo en compañía de otros detenidos islamistas radicales y multiplicaba las llamadas a la plegaria colectiva.

Las autoridades penitenciarias señalaron su actitud a los servicios de inteligencia. Pero Nemmouche desapareció tres semanas después de su liberación, en diciembre de 2012. Llegó a Siria vía Bruselas, Londres, Beirut y Estambul: el itinerario clásico de los centenares de aprendices jihadistas europeos. Según los servicios de inteligencia franceses, el joven pasó "más de un año en Siria, donde se unió a grupos de combatientes del Estado Islámico en Irak y el Levante, antes de volver a Europa por Malasia y Fráncfort", convertido en un lobo solitario, dispuesto a continuar el combate contra "los cruzados".

Según las autoridades, sobre un total de 800 jóvenes franceses que partieron en algún momento "a hacer la jihad" en Siria, quedarían actualmente unos 300. Entre ellos hay chicos de apenas 13 o 14 años e incluso jovencitas que no dudan en hacer el viaje con bebes.

Más allá del drama personal que significa para esos jóvenes reclutados por Internet descubrir la realidad de una guerra feroz, el mayor problema reside en aquellos que, como Mehdi Nemmouche, regresan convertidos en máquinas de matar.