Categoría: Antisemitismo

Fuente: Iton Gadol     (6-09-2013)

En 1929 el mundo experimentó una crisis económica moderna. “La Gran Depresión” se impregnó rápidamente en Europa, golpeándola con un nivel de inflación y desempleo que causaron ansiedad y desesperación en las personas. El Partido Nazi aprovechó esa oportunidad para ganar el poder político. Hitler necesitaba a las masas detrás de él y ofertó su alternativa para salir de la depresión: la pureza de la raza y el odio a los judíos, junto a otras minorías.

Noventa años más tarde. Europa es golpeada, una vez más, por una crisis económica. Grecia se aprovecha de las cuentas bancarias, España tiene una tasa de desempleo del 25 por ciento, la deuda de Italia es enorme y el euro está en la curva de la quiebra. Europa está enferma de nuevo. Y como en todos los cuerpos enfermos, los virus prosperan.

En los últimos años, como las semillas en espera de la lluvia, las piezas ultra-radicales y nacionalistas extremas brotaron en toda Europa, todas con una ideología muy clara: no judíos, no inmigrantes, no minorías. Desde hace algún tiempo, estos sectores no podían obtener el poder político debido a que su agenda no coincidía exactamente con el pensamiento democrático occidental.

Sin embargo, hoy las naciones europeas piden los liderazgos más extremos. Los que van a “unir al pueblo” y rescatarlo de la depresión. El caso del presidente Mariano Rajoy en España es un ejemplo.

Hoy en día, los resabios de lo que fue el exterminio y el genocidio se expresan tanto en el plano simbólico como en medidas y acciones discriminativas que pasan desapercibidas. Al igual que en aquel entonces, este tipo de liderazgo necesita un chivo expiatorio. Alguien contra quien unirse, alguien a quien pisar para levantarse y, ¿qué es mejor destino que los judíos? El antisemitismo está disponible, floreció hace unos pocos años y es fácil de ejecutar. El antisemitismo nunca murió, está en la oscuridad, espera el momento oportuno para resurgir.

Se puede comprender la cruda realidad en Europa cuando se analiza que el partido “Jobbik” es el tercero en tamaño de Hungría y cuyo líder, Marton Gyongyosi, mecionó a finales de 2012 que todos los judíos de Hungría “imponen una amenaza a nivel nacional”. También existe el partido de la “Golden Dawn”, con 18 de los 300 escaños en el parlamento griego, que utiliza una retórica neo-nazi, algunos de sus miembros son skinheads con tatuajes de esvásticas y sus partidarios a menudo utilizan el saludo nazi. En mayo, la “Golden Dawn” hizo entrega de alimentos gratis para los necesitados en la plaza Syntagma de Atenas, pero eran “sólo para los griegos”. Es decir, los judíos y otros inmigrantes con nacionalidad griega no fueron tenidos en cuenta.

Otros partidos de derecha y ultra-nacionalistas también pisan fuerte en el continente. En Ucrania está “Svoboda”, en Bulgaria “Ataka” e ideologías parecidas se encuentran en Bélgica, Francia, Austria, Dinamarca y la lista sigue.

De a poco el antisemitismo se vuelve más legítimo en toda Europa. Se filtra en las escuelas, los deportes, el entretenimiento e incluso en el sistema legal. Si bien se suceden casos como el tiroteo en una escuela judía de Toulouse en marzo del año pasado, que costó la vida de tres estudiantes, o el intento de asesinato contra un rabino de Jabad en la ciudad de Derbent en el sur de Rusia en julio, se hace la vista gorda ante las diarias apariciones de hechos antisemitas. También se pueden observar a simpatizantes de Hitler con carteles en la plaza de toros de Madrid, un artista pop en Bulgaria que realiza insultos antisemitas o niños en Francia que sufren abuso diario en la escuela por ser judíos. Estos hechos son sólo una muestra de los cientos de acontecimientos diarios antisemitas en Europa.

El aparentemente imperceptible antisemitismo europeo es, en realidad, muy visible. Es aceptado, institucionalizado y a menudo animado por figuras públicas. Día a día duplica sus patrones y ya se sabe de dónde viene, pero no hacia dónde se dirige ni qué alcance puede llegar a tener.