Categoría: Antisemitismo

Fuente: Miradas al Sur      (21-02-10)

 Si algo le faltaba al Grupo Clarín para seguir perdiendo en seriedad y credibilidad, es haberse ganado cuestionamientos de la comunidad judía y de la Daia. Tras el escándalo por la publicación en su sistema de medios de un blog con contenidos y lenguajes típicamente antisemitas y acusaciones delirantes contra el embajador en Washington, Héctor Timerman, la Daia sumó a su primera declaración de repudio una denuncia penal.

El affaire del blog antisemita sólo puede explicarse en el contexto de las lógicas feroces desencadenadas por una guerra corporativa y del ensañamiento contra un gobierno que atentó contra los intereses del Grupo. Se sabe que desde que se inició el debate por la Ley de Servicios Audiovisuales los periodistas del holding recibieron  instrucciones para literalmente redoblar, rebuscar, tirar, inventar o titular con toda munición posible. La consecuencia de esa fanatización guerrera es que, con tal de multiplicar toda posibilidad de ataque contra el Gobierno, Clarín terminó derrapando mal, apelando esta vez a antisemitismo puro y duro. Al punto que la Daia, con la particular prudencia que caracteriza a esa institución, se decidió a presentar una denuncia penal no ante un juzgado, sino ante la División de Conductas Discriminatorias de la Policía Federal. Antes, sus dirigentes habían difundido un comunicado condenando enérgicamente “las manifestaciones antisemitas y judeofóbicas” del blog publicado por el Grupo, firmadas por el presunto periodista Eduardo Arrivillaga, “en donde se desvaloriza el accionar del funcionario diplomático Héctor Timerman por su carácter de sionista militante, sinónimo con el que se pretende cuestionar su pertenencia a la comunidad judía”.

La historia comenzó con la aparición del blog firmado por el presunto periodista Eduardo Arrivillaga. Con una prosa cloacal, al peor estilo servicio de inteligencia, allí se trataba al embajador argentino en EE.UU., Héctor Timerman, como un sionista sospechoso, “soldado del Mossad”. No fue la única manifestación antisemita expandida en los blogs del sistema Clarín. En   http://blogs.clarin.com/soberanianacional se publicó que “el Matrimonio Delictivo Kirchner da claras muestras de total subordinación al sionismo internacional, al Estado de Israel y a Estados Unidos”.

Opinión libre, rastros nazis.

 Aun cuando el hecho denunciado es gravísimo, especialmente por lo que demuestra acerca de la falta de límites del Grupo, sería absolutamente imprudente acusar de antisemitismo a la planta de periodistas del grupo o a su línea editorial. Sin embargo, parece evidente que Ricardo Kirschbaum se debe haber encontrado en un lugar más que incómodo a la hora de explicar con palabras parcas e insuficientes lo sucedido: “Eduardo Arrivillaga no es periodista de Clarín ni sus dichos coinciden con la línea editorial del diario”.

Sobre ese punto de la respuesta de Kirschbaum, Héctor Timerman hizo una aclaración importante: “Lo que no dice Kirschbaum es que todo el material de ClarinBlogs tiene el copyright de Clarín y que la directora de ClarinBlogs es Ernestina Herrera de Noble”. El editor responsable de Clarín –cuyos artículos nutren de modo rutinario la batería antioficialista del Grupo– intentó explicar también que “el blog forma parte de la plataforma de blogs de la empresa Clarín Global que abrió un espacio de opinión libre”.

Libre, tóxico, peligroso… pero además con algún nexo más que llamativo con dos etapas cruciales que hacen a la historia esencial de Clarín. La primera: la biografía misma del fundador del diario, Roberto Noble, quien supo formar parte de grupos germanófilos y antisemitas en los años de auge nacionalista y Fraude Patriótico. La segunda: la íntima alianza política y empresaria con la última dictadura: desde el macizo apoyo inicial al golpe hasta la compra irregular de Papel Prensa. Son aquellos años en que los militares, servicios y escribas parecían regocijarse con las noticias derivadas del caso Timerman o de lo que –por cadena informativa estatal y privada– se denominaba “el clan Graiver”. Siempre enfatizando, tal como lo hizo el tal Arrivillaga, la condición judía tanto de Timerman como de Graiver.

Las biografías oficiales de Roberto Noble suelen pasar, mediante un salto interesante, de sus orígenes socialistas y su activismo en huelgas estudiantiles a su adscripción al desarrollismo. Más allá de que fue en años de la última dictadura, con su marido fallecido, cuando Ernestina Herrera de Noble comenzó a quebrar el pacto con los desarrollistas –lo que colaboró con el ascenso indetenible de la actual cúpula directiva del holding–, esas biografías omiten la relación que sostuvo Noble con lo peor de la cultura política de los años 30 y 40. Tras una etapa como legislador de la Concordancia –el frente de conservadores y radicales antiyrigoyenistas que se impuso a fuerza de fraude–, Noble asumió como ministro de Gobierno del caudillo conservador Manuel Fresco, emblema del Fraude Patriótico y un líder particularmente destacado en la lucha contra “el capitalismo judío, ateo y comunista”.

Junto a la esvástica.

 En un valioso trabajo publicado en capítulos vía internet –Cien años de antisemitismo en la Argentina–, el periodista y ex director del semanario Nueva Presencia, Herman Schiller, aporta información particularmente interesante acerca del Roberto Noble de aquellos años. Cuenta Schiller que ya para cuando Alemania anexó Austria –es decir, cuando no había engaño posible acerca de la amenaza hitlerista–, tanto Manuel Fresco como Roberto Noble participaron junto con los nazis locales de un gran acto germanófilo. Ocurrió el 10 de abril de 1939. El acto se realizó en el Luna Park –dice Schiller– “con gran despliegue de banderas con la cruz esvástica y una abundante vocinglería contra los judíos, los comunistas y la francmasonería”.

Tal como recuerda Schiller, ni Fresco ni Noble, que siete años después fundaría Clarín, “ocultaban sus simpatías por las potencias del Eje (…) Ambos, en 1937, habían producido la clausura de las escuelas obreras judías que existían en algunos lugares de la campaña bonaerense, apoyando además a los grupos de choque fascistas que realizaban tropelías en los barrios de la Capital densamente poblados por judíos”. El subjefe policial a cargo de la tarea, Carlos Suárez Pinto, fue un estrecho colaborador de Noble, escribió en la ultraderechista Cabildo y se desempeñó como secretario de redacción en los inicios de Clarín.

Noble fue miembro también de una pequeña agrupación nacionalista y germanófila, Afirmación Argentina. Según se menciona en Índice, una revista de ciencias sociales editada por la Daia (el artículo puede leerse en el número 37, dedicado al tema “Argentina durante la Shoá”), Afirmación Argentina fue parte de la constelación de núcleos “de orientación filofascista y de carácter semi-militar”, como la Legión Cívica Argentina, la Liga Republicana, la Legión de Mayo, la Acción Nacionalista Argentina, la Guardia Argentina, la Milicia Cívica Argentina.

Otro dato histórico que aporta la publicación: “Afirmación Argentina tenía relaciones con la embajada alemana”. El dato puede que aporte alguna verosimilitud a una vieja afirmación hecha por un personaje particularmente sinuoso, ya fallecido: Guillermo Patricio Kelly. Hace años el hombre solía afirmar que la fundación de Clarín fue financiada con dinero de la embajada de la Alemania nazi, tesis que hasta hoy suscriben ciertos sitios de internet que no son particularmente confiables. El razonamiento, sin embargo, dada la germanofilia y las relaciones políticas de Noble, podría tener algún sustento. Y habrá que recordar que Patricio Kelly, por las razones mercenarias que fueran, fue el primero que denunció públicamente la apropiación ilegal de los hijos de Ernestina Herrera de Noble.

Clarinadas.

 La fundación de Clarín se produjo exactamente después del cierre de una revista llamada Clarinada (1937-1945), y hay quienes relacionan el cierre de una publicación con la apertura de la siguiente. En un artículo dedicado a la revista (“Un vocero antisemita en Buenos Aires: la revista Clarinada”), Daniel Lvovich, historiador de la Universidad Nacional de General Sarmiento, cuenta que Clarinada llevaba como lema “Revista mensual de propaganda argentina y contrapropaganda roja”. Pero que “a partir de 1940 ese lema se modificaría por otro que reflejaba de manera más exacta sus contenidos: el de Revista anticomunista y antijudía”.

Apoyada por la Iglesia de la época, en Clarinada –cuyo caricaturista más célebre se llamaba Matajacoibos– se podían leer postulados como los que rescató desde el jurásico el bloguero de Clarín: “Clarinada combate a los judíos, porque ellos son los inventores, organizadores, directores y sostenedores del comunismo en todo el mundo. Clarinada combate a los judíos, porque los judíos, cumpliendo con las directivas de los ‘Sabios de Sión’ corrompen la moral cristiana, estimulan los vicios y los defectos humanos, para aniquilar la conquista espiritual de la humanidad hecha por Jesús, primera víctima de los Judíos deicidas”.

Volviendo a la tesis de los peligros culturales e institucionales que supone una guerra ciega desencadenada por puras necesidades corporativas, es elocuente lo que escribió Héctor Timerman en una columna publicada en El Argentino: “Si uno es benevolente, podemos comparar (lo hecho por Clarín) con los diarios partidarios que reflejan un mundo visto desde la paranoia de sus dirigentes. Todo es producto de una persecución… Clarín ha transformado sus blogs en una secuela de Der Stürmer (N. de R.: órgano oficial del nazismo), o su alter ego argentino, la revista Cabildo”.

Otro modo posible de entenderlo es apelando a esa tesis repetida de Brecht según la cual no hay nada peor o más peligroso que un pequeño burgués asustado. Claro que hace muchos años que los directivos empresarios y los altos cargos de la redacción de Clarín dejaron de ser pequeños burgueses dados a la timidez.